Insomnio de besos

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Una de las preguntas que habitualmente hago a los pacientes durante mi particular anamnesis con aires de conversaciones en torno a un café es ” y usted, ¿cómo duerme?, ¿descansa por las noches? “.

El insomnio es la dificultad para iniciar y/o mantener el sueño. El sueño es ese estado de reposo, de equilibrio, de móviles apagados y quimeras encendidas.

Si duermes mal, vives mal. Un insuficiente descanso termina siempre por pasarte factura.

Los que hacemos guardias en Urgencias sabemos que algún día tarde o temprano tenemos que dejar la noche, o ella nos abandonará a nosotros.

El insomnio es caprichoso, antojadizo y tiene muchas causas capaces de originarlo.

Hay médicos que prescriben tratamientos farmacológicos para combatir el insomnio, sin pautar previamente recomendaciones o investigar su causa.

Si te duele la muela, no podrás dormir. Si no tratas el origen de ese dolor de muelas, obviamente de poco te servirá combatir el insomnio.

En Urgencias ” tu insomnio, es el mío”. Hace ya algunas lunas, el 112 nos mandó a un domicilio a las 6:00 am porque un paciente no podía dormir. Conductor, enfermero y médico subidos en la madrugada en una ambulancia medicalizada (SVA) rumbo a un destino que nunca tuvo que existir. Si yo no duermo, tú tampoco. A veces la realidad supera la ficción, y algunos creen que un servicio de Urgencias es tener un médico 24 horas disponible para poder consultarle cualquier ocurrencia sin importar la urgencia, hora o lugar.

Ojalá todos los insomnios fueran como el que imaginó Mario Benedetti cuando escribió: “que buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo”.

Y es que hay quien tiene insomnio de besos, y no duerme porque le falta un abrazo, y eso no se puede tratar con una pastilla.

No hace mucho tiempo que prescribí en una historia clínica de urgencias como tratamiento “recibir un abrazo”, porque pensaba que era lo que la paciente necesitaba. No quiero ni imaginar si su médico de familia al día siguiente intentó recetarle mi prescripción, porque dudo mucho que en el OMI la encontrara. Sé que algunos laboratorios no estarán de acuerdo con esto, y que la ciencia camina lejos del corazón. Pero el mundo no sólo está enfermo de obesidad, hipertensión o diabetes, también de falta de amor. Y esa enfermedad todavía no la enseñan en la Facultad.

Que gran verdad, esta frase que me regaló una pared el otro día: “el insomnio se cura durmiendo junto a esa persona por la que no puedes dormir”.

Buenas días y dulces sueños.

(Continuará en el Libro “Con Tinta de Médico” reflexiones de un Médico de Urgencias adicto a la noche)

 

 

 

 

 

Yo también soy negro ¿y tú?

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Piel negra, obesidad ausente y sangre roja.

Cuerpo adornado con músculos desarrollados sin inscripción a gimnasio alguno.

Alma herida por cuchillas que dejaron huella, roto por un salto no olímpico sin medalla. Mapa de cicatrices, recuerdos de un largo camino.

Fuerza de hombre, inconsolable llanto de niño que explota al conseguir su objetivo. Lágrimas de alegría. Memoria cargada de recuerdos de un viaje, feliz por los que llegaron, triste por los que se quedaron.

Asistido por los incondicionales Ángeles de Rojo, que lo calientan con una particular manta y el abrigo del contacto humano.

Sin pasaporte, nombre o pasado. Busca un presente robado desde hace años, por los mismos que ahora juegan con su futuro. Termina recluido temporalmente bajo otros muros esperando ser libre en la península. Nadie se atreve a darle la noticia, nadie se atreve a darle la bienvenida a este Edén en liquidación, un lugar de trabajos precarios, viviendas hacinadas y ausencia de regularización administrativa.

Tal vez después de un tiempo por estas latitudes, perderá lo poco que tenía, su salud. Y no por una enfermedad importada sino por una que será secundaria a su particular tren de vida. El sistema lo excluirá, porque levanta muros invisibles imposibles de traspasar. El paro no le ayudará a integrarse y la sociedad que en un pasado reciente lo acogía ahora lo verá como su enemigo.

Y llegará un día en que sus músculos se resentiran, sus fuerzas se agotaran y su espalda también le dolerá. Las lumbalgias no distinguen de razas, ni de color de piel.

Una noche después de tanto sufrimiento se sentirá sólo. Pensará que tal vez nunca debió saltar ese muro, y que la suerte que corre en el primer mundo nada tiene que envidiar a la que tendría en el mal llamado tercero.

Cuando sus sueños se vuelvan pesadillas y las nubes no le dejen ver la luz del día, yo le miraré a los ojos y le diré, que no se rinda. Que yo también soy negro. Que yo también soy africano. Que yo también soy inmigrante.

Porque lucharía como él por un futuro.

Porque me escaparía de la guerra, de las mutilaciones y del terror de un rentable caos.

Porque daría mi vida por alimentar a mi familia.

Porque me dejaría la piel en la frontera por buscar un abrigo para los míos.

Porque cruzaría nadando el mar por tener una oportunidad en la vida.

Porque yo también saltaría la valla, y no me importaría lo alta que la pusieran.

Por eso, yo también soy negro. Yo también soy africano. Yo también soy inmigrante.

¿y Tú?

JM Salas

{Continuará en el libro Con Tinta de Médico, reflexiones de un médico de urgencias adicto a la noche}  

 

Domingo de Urgencias

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Es Domingo, toca trabajar. Tenemos muchas guardias en la espalda pero hay algo que nunca cambia, da igual el tiempo que haga un domingo de guardia, siempre es un domingo de guardia.

Si hace sol, pedazo de día para estar de guardia.

Si llueve, un día perfecto para quedarse en cama.

Si hace frio, echando de menos, el sofá, la peli y la manta.

No importa el tiempo, lo que duele es el día.

Los que trabajamos en Urgencias somos esa clase de personas que terminamos por confundir un Martes con un Viernes, parece que nuestro calendario de fiestas no es el mismo que el del resto de la población, no importa el día de la semana que sea, ni el mes, nos da igual si en la Puerta del Sol están sonando las 12 campanadas o que el Madrid juegue la Champions en TVE, a las 15.00 pm o a las 3.00 am, cuando toca, toca.

Los Domingos en Urgencias parecen guardias de 48 horas, algunas se hacen eternas. Los pacientes suelen acudir vestidos de domingo, algunos con el tiempo justo para llegar a su reserva del restaurante, otros que acaban de salir de la misa de las doce y unos pocos que para no perder un día de trabajo nos visitan para consultar un problema de salud que por supuesto admite demora. Es raro que falten los siempre abonados, aquellos que siguen todavía vestidos de sábado, en busca de una cura milagrosa que les ayude a aliviar las secuelas de su última fiesta.

Este día intentamos comer en equipo, compartimos mesa y mantel. Lo ideal sería que la demanda asistencial nos diese un respiro durante esa hora, pero es sentarnos a comer y como arte de magia surge algún aviso. No sé porqué siempre nos empeñamos en comer caliente, los domingos en Urgencias se han hecho para comer frio y rápido.

Dicen que Dios cuando creó el mundo dejó el Domingo para descansar, seguro que en esa época no tenía en mente a los servicios de urgencias.

Un domingo de guardia, siempre es un domingo de guardia.

{Continuará en el libro Con Tinta de Médico, reflexiones de un Médico de Urgencias adicto a la noche}

 

 

 

El móvil de Urgencias

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Nadie lo quiere, va de mano en mano, de bolsillo en bolsillo y cada guardia cambia de dueño.

No es de última generación, no está conectado a las redes sociales y de aplicaciones va cortito, recortado como el sistema.

Es fuerte, resistente y nada ostentoso, si se cae se levanta, si se golpea no llora, si se apaga se recarga y siempre acompaña al equipo.

Es un miembro más de urgencias, desayuna, come, cena y duerme con nosotros, incluso algunos comparten también con él su cuarto de baño. Siempre he dicho que si te cortas con el móvil de urgencias no habrá antibiótico que te prevenga de una infección segura. Si tomamos una muestra de su superficie y pedimos un cultivo con antibiograma, estoy seguro de que el resultado lo informarán como contaminado, los del laboratorio no saben todo lo que vive en nuestro móvil de urgencias, es un pequeño microsistema.

Es el verdadero jefe de la guardia, cuando él habla los demás callan, cuando él grita el equipo corre, y si duerme, el resto descansamos. Es curioso, como un ser tan pequeño puede hacer danzar a un equipo al son de su melodía. Un sonido que se te queda grabado de tal forma que cuando libras y lo escuchas, lo primero que piensas es “coño, aviso”, para después suspirar con un “ya podía ponerse otro politono, señora”.

Tiene comunicación directa con el Centro Coordinador de Emergencias de la Región de Murcia (112) y es capaz de localizar al especialista de guardia en el hospital allí donde se esconda.

Visita a todo el que llama, a veces a más de los que debería. Entra en casa de pacientes, y en ocasiones hasta se queda olvidado en ellas. Sabe muchas anécdotas, ve la intimidad de los enfermos, su hogar, su historia, y como cualquier otro miembro del equipo debe guardar el secreto profesional.

Puede que hayan móviles más modernos, con complejas funciones y aplicaciones, más delgados y de vivos colores, pero nuestro móvil de Urgencias es parte del equipo, y un equipo es una familia. Por eso no lo cambiamos por más recomendados que vengan otros dispositivos.

Como diría mi compañero Juanjo autor del blog milesdemillones {aprovecho el inciso para felicitarlo por estrenarse como padre}, “ahora sólo te falta darle las gracias al móvil”, pues, Gracias Móvil.

( Continuará en el libro Con Tinta de Médico, reflexiones de un Médico de Urgencias adicto a la noche)