Así no me gusta trabajar en urgencias

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La mayoría de los que trabajamos en urgencias nos apasiona nuestro trabajo. Nos hacemos adicto a esa pizca de adrenalina.

Pero, si ya como médico de familia nos toca bailar sobre la delgada línea de la incertidumbre, imaginaos como médico de familia en un servicio de urgencias extrahospitalarias, el baile sube de nivel y exige una mayor concentración.

No tuvimos un camino fácil, la carrera de medicina nos robó parte de nuestra juventud, el examen MIR nos ancló a una silla durante meses o algunos por años en búsqueda de la especialización deseada (o la mejor pagada); luego cuando ya parece que todo ha terminado a dar vueltas para buscar un puesto de trabajo estable, y siempre formándote, formándote y formándote.

Pues bien, en mi puesto de trabajo actual, el SUE Archena somos formadores por excelencia, en casi todas las guardias,, repasamos conceptos, técnicas y protocolos en urgencias, suplimos con nuestra inquietud algunas institucionalizadas carencias.

Hace unas semanas tuvimos uno de esos días en urgencias donde pacientes, virus y burocracia se pusieron de acuerdo para no darnos un minuto de tregua. En plena madrugada, cuando mi cuerpo por fin se desplomó sobre aquel destartalado sofá, y mis ojos cerraron las persianas, un telefonazo me puso de nuevo en alerta, el 112 nos activaba.

El particular sonido del móvil de urgencias, es una de esas cosas que no se te olvida fácilmente, somos como el perro de Pavlov respondemos a ese estímulo.

Pues bien, una noche fría y un equipo de soporte vital avanzado al completo, formado por un técnico en emergencias sanitarias, una habilidosa enfermera en urgencias y yo, rumbo a un aviso, motivo: probable muguet en la lengua. (“le molesta la punta de la lengua”). [trágame tierra]

Este tipo de avisos, son esos que dinamitan cualquiera de tus pilares, son esos que te hacen cuestionar para que tantas horas de formación, actualizaciones y cursos, y si realmente merece la pena seguir subido a una ambulancia dando tumbos a estas horas de la madrugada.

Cuando llegamos, el paciente era un conocido por el servicio (no por el 112 que aparentemente no queda registro). Desde el interior de su cama, sin perder su calor intrínseco, nos relata que desde hace semanas tiene un zona más rugosa en la punta de la lengua y que aunque no le duele ni le impide la alimentación, le gustaría saber (a estas horas de la madrugada) que es, y por este motivo llamó al 112.

El aviso duró muy poco, lo solucioné rápido. No merecía la pena perder más tiempo del necesario, debemos estar libres por si surge cualquier emergencia. La llamada posterior a mis compañeros del 112 me la reservo, tampoco es el motivo de este post, reconozco sus limitaciones aunque hay salidas que nunca deberían producirse.

De regreso a la base, me queda temporalmente un sabor agridulce en la boca, son esos momentos que piensas “así no me gusta trabajar en urgencias”, necesito un cambio. Por suerte algún compañero me saca una sonrisa y se me olvida rápidamente este tipo de avisos.

Todavía no llegó mi hora de abandonar la ambulancia, aunque parece que los años me pesan y algunas guardias también.

Otra guardia en urgencias, otra noche de insomnio Con Tinta de Médico.

J.M. Salas – Con Tinta de Médico

[Sígueme en la nueva web www.contintademedico.com , Diario de un Médico de Urgencias adicto a la noche].

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Traslados de enfermería

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Me encanta evolucionar. Soy partidario de los cambios. Y aunque siempre comprendí aquel tópico que dice “fuera de nuestra zona de confort es donde ocurre la magia“. Ahora se, que en ocasiones ese tópico se equivoca, porque yo, ya había encontrado aquí mi magia.

Tal vez esté un poco más triste de lo normal. Tal vez esta sea una de esas guardias diferentes. Pero es que son días de ruptura en el #061Murcia, son días de separación de competentes equipos. Los traslados de enfermería “ya están aquí”, como dijo la rubia niña de la película Poltergeist, y vinieron para quedarse.

No me malinterpretéis, no culpo a los que vienen, ellos solo aprovechan la oportunidad que les ofrece el sistema, como lo haríamos cualquiera. Pero en mi opinión, el mundo de las urgencias extrahospitalarias, es un sitio tan particular, donde se trabaja codo con codo en situaciones tan extremas, que el conocer a tu compañero es un valioso hándicap, que no se debería menospreciar tan a la ligera.

Los años de experiencia y formación que tienen algunos de los profesionales de urgencias y emergencias que pierden su puesto de trabajo en estos traslados, son cualidades que se deberían proteger y apreciar, porque la formación que recibieron es una inversión que se debería valorar. Personalmente espero que en un futuro sean un requisito indispensable para enfundarse un polo amarillo con el logotipo del 061, porque siempre debemos buscar la excelencia.

Me encanta mi trabajo, pero se que la calle no perdona a los equipos cojos y menos a la inexperiencia. La calle puede ser un lugar muy solitario sin la compañía apropiada. La calle requiere unas condiciones físicas para poder actuar y es un sitio donde cada segundo cuenta.

Comparto lo que en su día dijo Truman Capote “las palabras me han salvado siempre de la tristeza” y no quiero desaprovechar la oportunidad que me regalan mis letras, para agradecer nuevamente a la que hasta ayer fue mi compañera enfermera de batalla, por todas esas largas noches que compartimos en urgencias. Se que aunque ahora te toque dar de nuevo vueltas por el sistema y durante un tiempo permanezcas exiliada de las urgencias y emergencias, algún día valoraran vuestras competencias y todos ganaremos con vuestra presencia.

Personalmente, me suelo quedar solo con lo bueno de los compañeros, con los que he compartido aventuras en la ambulancia, pero en tu caso me quedo con todo, y más allá de las urgencias.

Ahora toca seguir, me toca adaptarme a mi nueva pareja de baile. Trabajaré para ser de nuevo uno de los mejores equipos en urgencias.

Gracias por todo.

Hasta pronto Carolina, bienvenida Angela.

Este post va dedicado a todos aquellos compañeros que les encantan las urgencias y emergencias, que aunque tengan formación, experiencia o interés no encuentra su espacio en este maravilloso mundo.

Una nostálgica guardia en urgencias, una nostálgica guardia con tinta de médico.

J.M. Salas – Con Tinta de Médico.

La empatía viaja en ambulancia

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La luz no me dejaba ver con claridad sus rostros.

Nunca pude identificar cuantos eran.

Hacía frio, mi piel estaba mojada y por más que lo intentaba no conseguía abrir mis ojos.

Estaba desesperado, muy estresado y no entendía lo que me había ocurrido.

Un instante antes, volaba libremente por la autovía como único dueño de mi destino. Y ahora, de repente, solo era un simple espectador de mi vida. Sentía como me movían a su antojo, de un lado para otro. Era como una marioneta en sus manos, sin voluntad, sin poder de decisión, sin conciencia.

Mi piel todavía conserva los múltiples intentos de acceso a una vía periférica, y mis huesos, aún tienen tatuados las líneas de fractura que me regalaron una temeraria noche mezcla de atrevimiento y juventud.

No recuerdo como me salí de la carretera, no recuerdo como retiré definitivamente del mercado aquella Triumph Boneville negra.

No tenía fuerzas ni para gritar mi sufrimiento. Una sensación de miedo y soledad invadieron mi estado.

Pero en esos momentos de nerviosismo e inquietud, donde unas sombras con manos enguantadas y chalecos reflectantes manipulaban mi cuerpo, apareció de la nada aquella reconfortable voz de cálido timbre, que con el tacto de unas simples palabras, mezcla de humanidad y empatía, fueron suficientes para calmar mis ansias y controlar mi incertidumbre.

“Tranquilo, acabas de tener un accidente, somos el equipo de emergencias y te estamos trasladando al hospital. Estamos a tu lado, no te preocupes”. [tomó mi mano, y no la saltó durante todo el traslado en la ambulancia]

Aunque yo soy una amante del silencio y le otorgo un valor similar al de la palabra, debo decir, en honor a la verdad, que esa noche, aquellas necesarias palabras fueron capaces de apaciguar mi sufrimiento.

Desde aquel episodio, donde no llevaba el fonendo de médico al cuello sino un collarín semirígido. Tengo la certeza que da igual la gravedad de la situación que se nos presente, que no importa el lugar ni la naturaleza de nuestra asistencia, siempre debemos ser capaces de practicar una imprescindible humanización en los servicios extrahospitalarios de urgencias. Porque de nada sirve tratar una patología si olvidamos centrarnos en el ser humano que se oculta detrás de ella.

Porque la medicina sin empatía, no es medicina.

Como dijo William Osler, “el buen médico trata a la enfermedad; el gran médico trata al paciente que tiene la enfermedad”.

Noche sin guardia, noche de humanizadas historias Con Tinta de Médico.

#MásHumanidadenUrgencias

J.M Salas – Diario de un Médico de Urgencias adicto a la noche.

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Desvirtualizando con tinta de médico

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De vez en cuando la vida te da una oportunidad para que nos desvirtualicemos, y en esta ocasión me tocó a mi por medio de una entrevista con Encarna Talavera en Conexión GTM Murcia. [Que os dejo al final del post]

En ella desnudo parte del origen de las historias con tinta de médico.

En un ambiente íntimo, en buena compañía, cuento la necesidad de enseñar esa necesaria pizca de humanidad que debemos tener presente en nuestra atención en urgencias.

De esta amena charla, me quedan algunas frases en la retina que fueron adornando esta interesante entrevista, os dejo algunas que bien podrían ser en un futuro parte de un nuevo post:

<<No debemos olvidar a la persona que hay detrás de la enfermedad>>

<<No solo debemos tratar el corazón que vemos sino el otro corazón, aquel que siente>>

<<Hay que escuchar a los pacientes>>

<<Los avances tecnológicos no pueden ser el retroceso de la humanidad>>

<<Los médicos no debemos ser dueños de los pacientes>>

<<Cada aviso es una historia nueva>>.

<<El amor es un motivo para vivir>>.

En breve, este blog cumplirá dos añitos, un tiempo donde hemos compartido historias,  historias que en ocasiones incomodaron necesariamente a algunos compañeros, historias capaces de plantearnos preguntas y no respuestas, historias de la vida, historias reales, historias humanas, historias que simplemente merecían la pena atreverse a contarlas.

En este corto periodo de tiempo, y sin ser parte de un equipo 2.0, he visto como un post “gracias enfermería” llegó a más de 100.000 visitantes, he sido invitado a participar en la editorial de una importante revista, he compartido ponencias de humanidad con estudiantes de enfermería y residentes de medicina de familia y hasta he aceptado el reto de que mis letras participaran de algún cercano congreso.

Creo que todo este esfuerzo mereció la pena, os agradezco a todos los que habéis hecho posible esto, con vuestras críticas, con vuestros comentarios, con vuestra desinteresada manera de compartir mis letras.

En este tercer año del blog que ya se acerca, me he planteado nuevos retos, nos pondremos en marcha para buscar una editorial que se atreva a dar un paso más en este proyecto y publicar el contenido del libro Con Tinta de Médico – Diario de un médico de urgencias adicto a la noche, continuaremos con nuestro aporte a la humanización de la sanidad desde las urgencias extrahospitalarias con #MásHumanidadenUrgencias y colaboraremos allí donde nos consideren necesarios.

Este domingo Con Tinta de Médico se escribe con buena compañía, desde un iluminado plató en un acogedor rincón de Murcia.

Otro post más, otra historia Con Tinta de Médico.

J.M. Salas

Le recetó una partida de bingo

Bingo Cards - Background - Game Related

Bingo Cards – Background – Game Related

 

Desde hace unas semanas su dificultad para respirar ha empeorado.

Su más que conocida enfermera de confianza me avisa para valorarla.

Acudimos fuera de horario a su domicilio, un pequeño perro con aires de león nos recibe.

Ella nos está esperando sentada en su sillón.

Guapa, bien peinada, con los ojos brillantes y los labios pintados.

Nos regala una sonrisa durante el saludo.

Me explica su particular historia médica, y me cuenta su talón de Aquiles, un pulmón herido.

Después de escuchar sus palabras, me tomo un tiempo para oír lo que sus pulmones me cuentan.

En ocasiones el relato de los pacientes no coincide con lo que su cuerpo nos dice, en los extremos de la vida, no nos gusta salir de casa y menos que alguien nos quiera llevar de paseo al hospital.

Antes de dar mi diagnóstico, ya me confiesa que se quiere ir al bingo. Siempre juega allí con sus amigas, y por lo visto, es uno de sus momentos especiales del día. Mientras nos lo cuenta, sus palabras iluminan su rostro y me trasporta por unos segundos a mis recuerdos de la infancia, donde una simple mirada de aquellos ojos verdes de mi abuela derretían mi voluntad en mil pedazos.

La exploración física deja el destino de aquella tarde en mis manos.

Me imagino que ya sabéis cual fue mi actitud, ajustarle el tratamiento, y regalarle otra dosis más de bingo.

Porque todos tenemos nuestro particular “bingo”, aquello que nos mantiene con una sonrisa en el rostro y con un interés por el mañana. Y eso mis queridos lectores, es un necesario aliado para mantener la salud de nuestros pacientes.

Prescribir más “bingo” y menos pastillas.

Una historia familiar, escrita con la mista tinta de médico.

J.M. Salas – Con Tinta de Médico

 

Carta a una enfermedad terminal

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<<Te odio.

Nublaste mi futuro.

Oscureciste mi presente.

Acabaste con mis sueños y esperanzas.

Y yo nunca hice nada malo para merecer esto.

Nunca te invité a mi casa.

Nunca quedamos para salir, y aún así me encontraste, diste conmigo.

Y ahora, estás aquí. Eres la triste protagonista de mi vida.

Arañas lentamente mi alma y alejas cualquier esbozo de sonrisa en mi rostro.  

Y después de ti sé que no habrá nada.

Durante un tiempo seré un doloroso recuerdo, una emotiva lágrima en la intimidad, y luego pasaré como todos al cajón del olvido, porque la vida sigue, la vida continúa.

¿Dónde quedaran mis sueños? ¿dónde enterraran mis esperanzas? ¿donde naufragarán aquellos días jamás vividos?

Hoy solo quiero que esto termine. Que mi sufrimiento se acabe. Sin rencor, sin remordimientos.

Ya no quiero seguir luchando. Yo reconozco las limitaciones de la ciencia, y ésta debe reconocer mi derecho a decir “no” a más prolongaciones innecesarias.

Porque yo no quiero sondas, no quiero oxígeno, no quiero camas articuladas ni televisión las veinticuatro horas del día.

No quiero ver pasar la vida como un mero espectador sin poder ser partícipe de ella.

Y por supuesto no quiero morir entre las cuatro frías paredes de un hospital.

Necesito que mi último aliento sea rodeado de los míos, de mi familia, de mis amigos, acariciando a mi fiel perro. Entre mis sábanas. Bajo mi techo. En mi cama.

Ya no quiero seguir sufriendo. Ya no quiero seguir viviendo.

Respeto y admiro a los que si lo hacen. A los que son capaces de vivir hasta el último día con esto, pero el actor principal de esta película soy yo, y yo debo ser el que decida un “hasta cuando”.

Sin arrebatos, sin caprichos, sin trastornos del estado anímico. Consciente de mi proceso, consciente de mi calvario.

¡Te odio!, me arrebatas la vida, pero yo seré el que decida “hasta cuando”, ¡yo seré quien decida el maldito “hasta cuando”!.  >>

Esta carta pudo haber sido escrita por alguno de los pacientes que asistimos a diario en urgencias y tal vez haya sido realmente escrita.

Debemos avanzar. Debemos aprender. Debemos respetar la voluntad individual, y que esta prevalezca sobre morales intereses colectivos.

Me toca otra noche de guardia, me toca otra noche de insomnio Con Tinta de Médico.

 

J.M Salas

Con Tinta de Médico – Diario de un médico de urgencias adicto a la noche

 

La triste historia del paciente sin respeto

Foto extraida de la web jess-black.blogspot.com-

Foto extraida de la web jess-black.blogspot.com-

 

Era muy demandante, trataba a todos los profesionales sanitarios sin respeto.

Siempre creía tener a la señora razón de su lado. Y no le importaba el problema, la urgencia o la hora del reloj.

Solía acudir a la consulta de urgencias extrahospitalarias a demandar injustificadamente una asistencia.

Ya era conocido en nuestro servicio.

Pero desde hace unos meses un diagnóstico de mal pronóstico lapidó su presente.

El otro día lo visité por primera vez en su domicilio y entendí por fin parte de ese malhumorado comportamiento.

Su gris hogar, podría ilustrar la definición de soledad en el diccionario. No había rastro de un familiar, ni la sombra de alguno de sus hijos.

La foto de su difunta esposa, adornaba una solitaria cómoda. Ella murió en la mesa de un quirófano, y él nunca superó su terrible perdida.

En esta ocasión noto que él ha cambiado, al igual que su carácter.

No es el mismo, no tiene ganas de revancha. Perdió peso, dejó a un lado su insano odio y olvidó su mal humor.

Con una lágrima nos abre la puerta, y con un abrazo agradece tantas ocasiones donde predominó nuestra profesionalidad y respeto.

Lo que nunca conseguimos con palabras una enfermedad lo hizo en cuestión de meses.

Y yo, lamento que ahora esté justificada nuestra asistencia, y por supuesto que una terrible enfermedad sea el motivo principal de este necesario cambio.

Hay noches en urgencias que me enseñan lo que no está publicado en ningún patrocinado tratado de urgencias.

Si tratáis a todos vuestros pacientes con respeto, no os pesarán luego unas desafortunadas palabras fruto de un desencuentro, porque cada paciente tiene una historia vital que le condiciona, y nosotros estamos obligados a saber capear algunos infiernos.

Ninguna noche sus palabras de reproche me quitaron el sueño. Pero esta guardia con aroma de madrugada, mis ojos no consiguen saludar a Morfeo. Todavía no olvido esa mirada, ni esas tristes palabras de agradecimiento.

Otra guardia en urgencias, otra noche de insomnio con tinta de médico.

J.M. Salas

Con Tinta de Médico – Diario de un Médico de Urgencias adicto a la noche.

 

Dolor con tinta de médico

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Francisco Villaespesa dijo una vez que “el mayor dolor del mundo, no es aquel que mata de un golpe, sino aquel que gota a gota, horada el alma y la rompe”.
Y es que cuando el alma duele la vida se nos tuerce. Nos derrumbamos, y somos capaces de liberar todo un torrente reprimido de lágrimas. 
Esas que son incontrolables, imparables. Te esfuerzas por secar una y rápidamente aparece otra en su lugar. Son incómodas pero necesarias. Aunque no te gusta que te vean, aunque no quieres que ese sea tu perfil de Whatsapp, no puedes camuflar tu estado de ánimo, el manantial de tus ojos te delata, cual espejo de un corazón herido.
Y las heridas del alma son profundas, íntimas, de irregulares bordes y complejas. Difíciles de suturar. Como aquellas que para un tratamiento efectivo, necesitas trasladar al paciente a un hospital de tercer nivel. Estas heridas te parten en dos. Te provocan una hemorragia de amor incapaz de detener con un americano torniquete. Aquí no vale lo que aprendiste en el PHTLS porque el tratamiento solo reside en tu interior.
Y debes reaccionar porque este shock hipovolemico de amor puede empalidecer tu futuro.
Este particular dolor te puede parecer interminable, infinito. Y los que trabajamos en urgencias sabemos que este dolor no se controla subiendo la escalera analgésica, necesita algo más que eso, una pizca de comprensión, empatía y humanidad. Porque aunque este invisible dolor en ocasiones nos de un respiro, no te fíes, está siempre presente en nuestras vidas. Me resulta más fácil asegurar la existencia del dolor que la de un dios no objetivo.
Y aunque una temporada puede desaparecer, no debes subestimarlo porque siempre encuentra el camino de vuelta.
Así utiliza diferentes medios de transporte, la pérdida de un familiar, una ruptura amorosa, una quiebra económica o un simple beso de despedida.

Cuando no logres ver la luz del sol, recuerda estas palabras.
Si algo duele quiere decir que has amado, y si tienes la capacidad de amar, tienes la capacidad de soportar ese dolor, porque es parte del juego.
De este juego llamado vida, la cual a veces nos da alegrías y otras veces nos regala tristezas.
Pero este tipo de dolor siempre va a existir y siento comunicaros que todavía no se ha inventado un compuesto químico en el mundo capaz de quitarlo.
Por eso, debemos aprender de aquellos que vivieron con dolor. Como dijo Frida Kahlo, “el arte más poderoso de la vida es hacer del dolor un talismán que cura”.
Acéptalo, llora, seca tús lágrimas, deja de buscar culpables y sigue. Porque no podemos evitar algunas pérdidas pero si decidir cuándo y cómo nos levantamos.

No esperes a que pase la tormenta, porque hay cielos que por el azar de la vida siempre van a estar nublados, por eso aprende rápido a bailar bajo la lluvia porque esta vida nos tiene reservada una fecha de caducidad para cada uno de nosotros y no merece la pena desperdiciar este tiempo sufriendo.

No olvides, “que es dentro y no fuera de nosotros donde hace buen o mal tiempo”.

Dedicado para todos aquellos que viven con dolor.

J.M. Salas

Con Tinta de Médico – Diario de un Médico de Urgencias adicto a la noche